Los Terribles dos por Madame Ogou

miércoles, 18 de enero de 2012


No contribuyo a este blog desde hace un tiempo por las fiestas navideñas, por el volumen de trabajo y también, hay que confesarlo, porque últimamente estaba algo desconectada de mi maternidad. En relación a esto último, confieso también, aunque en voz baja y con mal cuerpo, que habría regalado al niño en mi primera semana de días libres navideños. Aclaro que lo de regalarlo era por no descuartizarlo con mis propios dientes y a continuación cortarme las venas con el mismo utensilio.
Había oído hablar de los "terrible twos", había visto los anuncios de condones en los que se justifica su uso con un niño que patalea y berrea por un supermercado sin que nadie pueda controlarlo. Sin embargo, tener en el colodrillo la señal de alarma de que quizás puede ser que el chiquillo se vuelva algo levantisco con la tentativa de autoafirmación de esta edad no es lo mismo que sentir que te han cambiado al churumbel por la noche y que no conoces a la criatura que, encarnadita como una flor de Pascua, evita mirarte mientras sostiene un llanto agudo aparentemente inacabable, que me descubre músculos y venas que no sabía que existían en su hasta entonces dulce gargantita infantil.
Estas Navidades fueron algo traumáticas para el señor Ogou y para mí misma.
Íbamos de rabieta inexplicable tras rabieta inexplicable cada día, sin saber cuándo estallaría la bomba y dónde nos sorprendería. No sabíamos si intentar razonar con él entre sus alaridos, dejarlo solo o intentar consolarlo. A veces funcionaba la táctica del despiste, pero nada era seguro. Llegábamos tarde a todas las citas navideñas, casi por sistema, porque la tormenta arribaba habitualmente cuando intentábamos vestirlo para salir. Además, llegábamos a todas esas citas crispados y temiéndonos un nuevo follón en público.
Reconozco que perdimos la paciencia. Los abuelos recomendaron nalgadas. Gente bienintencionada nos dijo que había que controlarlo, como si fuera futurible carne de Sing Sing, que no había que ceder a su chantaje. Su "chantaje" se quedaba en el nudismo y no me pareció algo tan terrible, a pesar del frío del invierno (suave en Canarias, reconozco) y la posibilidad de un catarro eterno. Todos me aconsejaban que me negara a hacer algo que quisiera y le parara el llanto. Me harté de escuchar que era un arbolito que hay que poner recto desde chico y que son todos muy listos y consiguen de ti lo que quieren. Los bebés, esos terribles manipuladores que sólo piensan en jugar contigo y después dominar el mundo. Más gente bienintencionada me recomendó cachetes a tiempo. Mis padres insistieron en que no era normal y se debía a que le permitimos todo. El pecho entró en la conversación. La culpa era nuestra por no saber educarle.  En fin, que llegué a decirle al pobre que me estaba planteando anudarme las trompas de falopio yo misma y a decirle al señor Ogou que nos olvidábamos del hermanito y que devolvíamos a Miguel al Materno.
Con el tiempo y las charlas con otras madres, he comprendido que la mayoría de los chiquillos pasan por esta fase y que es eso, una fase normal de su desarrollo que, afortunadamente, pasa. Para tener algo a lo que agarrarme, aparte de esa certeza en que todo pasa, me repito los consejos de "disciplina positiva" que leí por ahí y me parecieron más sensatos: alaba el buen comportamiento, ignora las travesuras y las molestias menores, reserva la batalla del gran no para lo importante, recuerda que seguirá haciendo cosas que no te gustan y que él sabe que no te gustan para probar límites, intenta ponerte en su piel, pon límites razonables y reglas mínimas y sé realista, porque muchos comportamientos que puedo considerar traviesos, desobedientes o frustrantes son sólo normales y hay gente que lo ha tenido peor. Y no sólo una semana libre en Navidad, sino meses y años.

13 comentarios :

  1. Totalmente de acuerdo. Cuando los enfados a lo bestia entraron en casa para serte sincera flipé y pensé "Dios, ¿pero qué es esto?" y estaba segura que no lo íbamos a soportar. Sin embargo, el "soufflé" fue bajando (yo creo que incluso ella se sorprendía de lo que le salía de dentro!) y al cabo de un tiempo todo fue mucho más light. O quizás fuimos nosotros que aprendimos a capear mejor esos ataques de ira... La cuestión es que ahora son muy escasos y cuando llegan duran muy poquito. El saber que es normal y que pasa la verdad es que ayuda mucho. Ah, y a olvidar algunas de las frases que te dijeron en Navidad! ;)
    Un beso

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    1. Gracias :) Ahora está mucho más suave. Fue sólo una semana pero casi nos vuelve locos. Y sé que el chiquillo es muy buena gente, sólo muy curioso y activo y con sus momentos :) Ayer tuvo una minirabieta en el médico, pero casi nada. Como tiene una sinusitis Y una otitis y duerme fatal, empecé a pensar que a lo mejor lo de la navidad tenía algo que ver con eso y a sentirme fatal :(

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    2. Jejeje...pues si llegas a estar como nosotros que tenemos temporadas de 4 0 5 rabietas diarias...
      Los terribles dos son duros, pero lo peor es que vienen seguidos de los horribles tres!!!! jajaja

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    3. No me digas eso :( Habrá que plantearse en serio lo de regalar al niño ;)

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  2. Yo estoy temiendo los dos años, porque mi nena lleva desde el año con rabietas (no de continúo, sino me da algo, aunque últimamente más frecuentes).
    A veces es díficl, porque ya no sabes ni qué hacer para calmarla, pero como dices son etapas. Espero no tener que aguantar consejos "bienintencionados", porque sería lo que me faltaba.
    Espero que todo vaya mejor.
    Un abrazo

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  3. No sabes como te comprendo. Mi hija tiene 18 meses pero ya esta comenzando con los berriches y por consiguiente detrás de mi tengo un sequito de bienintencionados, encabezado por mi marido, diciéndome lo mal que lo hago, que es culpa mia, que se lo permito todo, que esta muy consentida, que eso es por tanta teta, tanto colecho.. en fin... espero que pase pronto, porque no sé que es más difícil de soportar si los berrinches en si o la falta de apoyo de los demás. Pronto, cuando vulva a casa, escribiré un post de este tema...gracias por compartir tu experiencia. Da ánimo saber que no fue que tu hijo enloqueció de la noche a la mañana sino que les pasa a todos. :)

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  4. El principal problema de la maternidad, tal y como yo lo veo, es la existencia de "bienintencionados" que tienen o no tienen idea y que jamás pueden callarse la opinión. He comprendido que a veces estoy más nerviosa por lo que puedan pensar los demás de Miguel y de mí que por el comportamiento de Miguel y que la reprobación social es lo que me hace perder en realidad la paciencia con el pobre chiquillo, que tiene dos años y no entiende mi transformación a lo Jekyll y Hyde :(

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  5. Mi hijo cumple mañana 17 meses y a estas alturas ya me estoy empezando a cansar de escuchar NO para todo, de vez en cuando tiene algún berrinche pero nada importante y dura poquísimo. No quiero pensar en lo que nos está por venir cuando leo o escucho otras experiencias, porque se que este pequeñín tiene un carácter muy fuerte. Creo que es la primera vez que paso por tu blog. Encantada de conocerte y saludos también desde Canarias! ;)

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    1. Hola, Yaneth. Encantada :) Lo del no ya está asumido. Si dijera sí a algo me caería de la silla ;)

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  6. Yo llevo una semana fatal sobretodo con la princesa mediana que se enfada por todo y se coge cada revinche de aupa...pero bueno paciencia!!

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  7. Animo guapa, nosotros tb estamos en pleno momento y eso qye tiene 17 meses!!! Me esta ayubdando mucho leer "Ni conflictos ni Rabietas" de Rosa Jové, te lo recomiendo, te quedarás mucho más tranquila. Un besazo

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  8. Gracias por los consejos, María, y por el sentimiento, Princesa Fol :)

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  9. Hola sólo queria agradecer por tan lindo blog me ayudó con la ansiedad de mi embarazo ya que me leí todas las historias de parto...y creo que por ósmosis yo también tuve uno bueno.saludos desde argentina,amparo

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