Como me convertí en Madame Ogou

jueves, 3 de noviembre de 2011


Hoy os traigo otra entrada de Madame Ogou:

Esta semana se cumplen exactamente cinco años desde que conocí al Señor Ogou. La próxima, dos años desde que Miguel aterrizó, vía cesárea de urgencia, en nuestras vidas. Desde mi punto de vista, se trata de dos milagros totalmente inesperados que dieron un giro completo a mi existencia y sacaron a relucir mi auténtico yo. De dos revelaciones tipo San Pablo corriendo a matar cristianos y cayéndose no una, sino dos veces, del caballo.
 
El encuentro con el Señor Ogou me demostró que podía ser que no estuviera condenada inexorablemente al reumatismo y la dentadura postiza en soledad. Miguel, que no había nacido con las trompas de falopio tan inútiles como si me las hubieran sellado al nacer y que hay amores que no puedes ni imaginarte. Ambos me probaron que no sabía nada de la pareja ni de la maternidad y que me pasé la vida hasta ellos metiendo la pata vergonzosamente cada vez que abría la boca para dar un consejo o una opinión al respecto.
 
Hace apenas un mes que me encontré con tres amigas solteras y enteras para almorzar. Están en la edad en que el reloj biológico les impide pensar en otra cosa con su tic tac amenazador in crescendo y buscan reafirmarse como madres futuribles o como candidatas al ligamiento de trompas con cada madre que se encuentran. Me comentaron que no hay cosa que les irrite más que las amigas que se embarazan y les explican, con suficiencia de miembro de un club muy exclusivo, que no pueden entender la maternidad hasta que están en el ajo. Aparté mis cubiertos un momento, me limpié la boca con la servilleta y les espeté, con cariño y firmeza: "Tienen razón, lo siento".
 
Nadie ni nada pueden prepararte para la maternidad más que la maternidad en sí. Y, a veces, ni siquiera eso. Lo entendí en la primera semana en casa, recién llegada del hospital con Miguel y mis grapas, cuando la tremenda carga de lo que estábamos haciendo se me hizo patente en toda su increíble grandeza sin enfermera o apoyo cerca más que el del Señor Ogou, tan desorientado y aterrorizado como yo con nuestra situación.
 
Tuve que ser madre para poder tirar a la basura el libro de Estivill Duérmete niño. Antes, creía que lo normal era que el niño tuviera su habitación desde que salía del hospital y que durmiera solo y observaba con conmiseración y superioridad a las madres débiles que les permitían dormir con ellas hasta los tres o cuatro años. Antes de Miguel, respetaba a Supernanny. Tras la caída del caballo denominada parto y maternidad, entendí el colecho, consideré a Estivill un nazi y me arrepentí de haberlo regalado a mi cuñada, error fatal que creo que jamás me perdonarán mis sobrinos.
 
También tuve que ser madre para entender la fuerza del instinto y enamorarme de la lactancia materna. Había tenido pocos, pero algún ejemplo de LM cerca, y consideraba que el biberón era algo normal, asumible. Fui a grupos de apoyo durante el embarazo y recibí la información típica en estos casos, pero sólo Carlos González y la odisea de intentar que Miguel se prendiera, más la recompensa de poder alimentarlo, me empujaron a seguir agarrada al sacaleches contra viento y marea hasta ahora. Y que Nestlé me perdone, pero no puedo evitar considerar las leches artificiales casi como veneno, aunque sé que no hay otra solución para muchos padres. El vínculo, la plenitud como mujer, la salud, ... todo te empuja a abrirte la camisa y ofrecerle los pezones al niño. Creo que resistirse a ese impulso es mucho más difícil que seguirlo.
 
Así que aquí estoy, emparejada y madre contra todo pronóstico, con los pechos al aire cual sueca en película de destape y diciéndole a todos aquellos a los que mortifiqué con comentarios estúpidos y desinformados y con consejos bienintencionados pero ignorantes, que no lean a Estivill, que le den una oportunidad a la lactancia materna y que dejen que el instinto y los churumbeles les sirvan de guía para ejercer de padres. Sobre todo, que los disfruten, que crecen rápido y se escapan entre las manos. Que la naturaleza es sabia. Y que, como el maestro Oogwei diría, no hay que vivir del pasado ni preocuparse por el futuro, sino vivir el presente, que como su nombre indica es un regalo.

6 comentarios :

  1. Yo llegue a tu blog desde “Mi pequeño Koala” y aunque todavía no me había lanzado a comentar, soy asidua a tus entradas. Me ha encantado el mensaje que envías en este post. En mi cuarto mes de embarazo me entró el “cague” ¿Seré una buena madre? ¿Sabré que le pasa? ¿Estaré a la altura de las circunstancias? Desde ese momento mi afán de lectura pre-maternidad creció exponencialmente, muchos libros, muchos puntos de vistas, muchos blogs y desde luego muchas burradas. Pero gracias a mi matrona muchas de las dudas desaparecieron. Ella fue la que me recomendó a Carlos González y su libro “Bésame Mucho” y “Un regalo para toda la vida”. Por cuestiones profesionales tuve que dejar de dar el pecho (una espinita clavada), pero ha sido una de las mejores etapas de mi vida. Y eso de sacar a mi Pequeño Quitagrapas de la habitación…No se yo.

    Besos

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  2. Totalmente cierto, pero esta GRAN VERDAD se puede extra polar a cualquier ámbito de la vida.
    Muchas veces juzgamos a los demás por su forma de actuar sin saber que les ha llevado a eso porque no lo hemos vivido como ellos.

    Uno no puede hacerse una idea aproximada de lo que es la maternidad hasta que lo vive en primera persona y por eso muchas veces la caga hablando lo que no debe y esto lo digo por mi, no me ha ce falta meter a nadie más en el saco.

    La bocazas mayor del reino, pero no me averguenza reconocerlo al contrario, soy consciente de ello y ese gran error me abrió los ojos para intentar no meter la gamba sobre cosas que no conozco porque no he vivido.

    Besos a las dos

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  3. Totalmente deacurdo, que de verdades has dicho en esta entrada. Yo antes de quedarme embazada tambien creía que los bebes eran unos pequeños manipuladores "satanicos", que había que tratarlos con firmeza y que el metodo estivill era fundamental para su crianza... Y cuando estaba fue en mi mundo de las ideas radicales de firmeza, me quedé embarazada, me recomendaron Carlos Gonzalez, lo leí y mi castillo de naipes de fue al carajo, gracias a "dios"... Yo tambien soy de las que se ha pasado muuuuchos meses con las tetas fuera para darle a la gordi acceso rapido, colechamos y duermo con una camiseta con las tetas recortadas para no tener ni que levantarme la camiseta...

    Me ha encantado tu consejo, darle una oportunidad a vivir esta experiencia de forma "diferente"... Un besazo

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  4. Yo les llamo "opinologos" como si se tratase de una profesion o de un titulo adquirido en una Universidad de renombre. Lo ironico es que ninguno estamos excentos de adquirir este titulo, lo hemos hecho, si mal o bien varias veces ante diversas situaciones, creyendo que estamos en lo correcto y opinando completamente seguros de lo que estamos diciendo. Hay que trabajar en el respeto hacia los demas y tratar de hacer lo mejor que podamos hacer ante nuestra propia situacion muy particular. Un abrazo fuerte

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  5. Me ha encantado! Sólo diré una cosa, mandarme, para cuándo tu propio blog que te siga...

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  6. Muchas gracias por la acogida y los comentarios, de nuevo. Y a Mamá Vaca, siempre, por la oportunidad :) Mi propio blog está bastante abandonado y dedicado a otras cosas que no tienen que ver con la maternidad. Éste es un huequito que se agradece mucho. Un beso.

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