Para reflexionar un poco

jueves, 19 de mayo de 2011

Ayer leía en la contra de la Vanguardia una entrevista a Evânia Reichert, psicoterapeuta familiar. Leerlo me ha hecho reflexionar mucho, sobretodo sobre mis propios comportamientos con mi hija.
Por eso, he querido compartirlo con vosotr@s, para que también os ayude a  reflexionar en como tratamos a nuestros hijos y porque lo hacemos de una forma determinada.
¿Qué es un niño? Una persona con todas las posibilidades por desplegar, que podrá ser todo lo que quiera.
Fabuloso. Si los adultos no lo impiden.
¿Boicoteamos a los hijos? Los machacamos, les inyectamos complejos de inferioridad, les traspasamos neuras, les cortamos alas, segamos sus talentos, les impedimos desplegar todas sus posibilidades.
Quizá educar sea eso... ¡Discrepo! Educar es guiar, es formar sin castrar las potencias del niño.
¿Dejándole a su aire? No. Contención, que no represión. Hay que fomentar en el niño su autorregulación: que aprenda a regular sus acciones en cada fase.
Poniendo límites, ¿no? Las paredes del vientre materno son un cálido límite para el embrión. Los brazos paternos que le mecen son para el bebé un amoroso límite... Por tanto, hay contenciones, ¡pero con afecto y calidez y ánimo formativo!
¿Maltratamos a nuestros hijos? ¿Quién no ha abroncado a su hijo sólo porque en ese momento se sentía irritado, malhumorado? Nos vengamos en ellos de nuestros malos rollos, los humillamos, ¡y hasta llegamos a insultarlos!
Mujer… Sí, sí: ¡los adultos somos muy cobardes! Lo que no osaríamos decirle o hacerle a un adulto en la calle o en el trabajo, ¡se lo decimos o hacemos a nuestros niños!
¿Tanto? Los hogares albergan las mayores violencias consentidas.
¿Con qué consecuencias? Fraguamos niños más inseguros, que no se valorarán, que tenderán a maltratarse o maltratar, a ser agresivos...
¿Cómo evitar eso? Con conciencia: ayudarlos a autorregularse, evitando fustigarlos con nuestros brotes de rabia y fragilidades. Todo lo que hagamos o digamos debe tener propósito educativo. Pero claro, como es más fácil conducir a un niño reprimido que a un niño sano y libre... ¡tendemos a modelar a niños reprimidos!
¿Y cómo modelar a un niño sano? Con la vacuna que la neurociencia nos confirma: cariño, afecto, amor.
¿Qué dice la neurociencia al respecto? Que el afecto estimula la sinapsis, las interconexiones entre neuronas.
¿Sí? ¡Sí! De 0 a 1 año se establece en el cerebro humano el mayor número de interconexiones neuronales de toda su vida. Y se ha constatado que el amor de los padres y cuidadores, el cariño, el afecto expresado en caricias, besos, cosquillas, abrazos, pedorretas, achuchones... ¡fomenta las sinapsis, multiplica las redes neuronales!
O sea, que ese cerebro será más rico. Tendrá mejores cimientos sobre los que levantar ulteriores capacidades. Haber sido mecido, acunado, besado, acariciado, amado, respetado... ¡te hará más inteligente! A más amor recibido, más inteligencia futura.
¿Qué se entiende por respeto al niño? Tratarlo según lo que pueda esperarse de él en cada franja de edad.
Ponga un ejemplo. De los 1,5 a los tres años, el neocórtex infantil es incapaz de procesar más de dos o tres prohibiciones. Si dirigimos 30 ¡noes! al niño... nos parecerá que nos desobedece 27 veces. ¡Y no es eso!
¿Y qué es? Que no es capaz de grabar las órdenes. Y que decirnos ellos no es un primer paso de su autonomía personal, de perfilar su identidad: es, pues, algo saludable.
¿Y cuándo estará el niño en condiciones de entender los “noes”? A partir de los 3,5 o cuatro años graban bien cualquier orden. Entonces sí hay que estar vigilante para evitar filiarcados.
¿Qué es eso? Hay patriarcado (hegemonía del padre), matriarcado (de la madre) y filiarcado (del hijo): ¡busquemos mejor la heterarquía, es decir, que cada cual tenga un lugar!
¿A qué edad aparece en el niño la conciencia de género? De los tres a los seis años se desarrolla la pulsión sexual a la par que la epistemofílica.
¿Qué pulsión es esa? Curiosidad de saber, de conocer, de explorar: si reprimes la pulsión sexual de un niño, ¡reprimes su impulso de saber!
¿Qué hicieron mal sus papás? Vivíamos en el campo y, por ignorancia, me pusieron a trabajar de muy niña, cargaron sobre mí altas responsabilidades familiares... Eso me ha hecho emprendedora, pero también sentirme imprescindible para el bienestar de los demás, cosa muy dañina...
El Gobierno español propone escolarizar a los niños desde su nacimiento... Eso puede comprometer esa primera fase de formación de la persona, en la que el principal alimento es el afecto. ¡Alerta: la OMSanticipa que en 20 años la primera dolencia de la humanidad será la depresión!
Dígame que es optimista y que pronto mejorará la educación de los niños. Seremos cada día más conscientes de la importancia de las primeras edades de la vida... o estaremos jugándonos el futuro de la humanidad. Nunca antes supimos tanto sobre la infancia: ¡si lo aplicamos, daremos lugar a la única gran revolución de verdad!
¿Sí? Sí, la paz sobre la Tierra empieza en el vientre de la madre.

20 comentarios :

  1. Que bueno. Me encanta estas reflexiones. Tambien me hizo reflexionar mucho el libro de Carlos Gonzalez ese besame mucho.. que tambien habla algo de esto :)

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  2. Gracias por compartirlo. Estoy totalmente de acuerdo, y la última frase me encanta.

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  3. Me ha encantado!
    A veces deberíamos llevar un artículo así en el bolso para enseñarselo a la gente que te mira mal cuando tienes "demasiado" tiempo a tu hij@ en brazos... Por lo visto no solo le damos amor, protección , autoestima... sinó que les volvemos más inteligentes!!!

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  4. Totalmente de acuerdo os se consigue mucho más con amor, afecto. Pero la gente confunde tolerancia con permisividad.

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  5. EStá genial, voy a difundirlo, gracias

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  6. Yontambien la leí ayer y me pareció una entredirá genial. Me dio mucho que pensar sobre todo en como nuestro estado de animo, sobre todo el negativo influye en como nos comportamos con ellos, como si tenemos un mal día tendemos a estar mas irascibles con ellos o a tener menos cuerda. Me ha gustado. Un besazo

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  7. Que sabias palabras!

    El sentido común e instintivo que nos impulsa a coger y llevar siempre con nosotros a los niños no puede estar equivocado!

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  8. Huy qué responsabilidad!!!!

    Me voy ahora mismo ha "mal criar" a PequeñoJedi cogiendóle en brazos y acunandóle hasta que se duerma; voy a darle la ración de besitos de hoy. Jeje.

    Por cierto, me apunto este post para cuando venga la mujer de mi padre esta tarde y me mire mal por portear por la casa a mi niño en vez de dejarlo en la hamaca.

    Besos.

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  9. Me gustan las reflexiones de esta mujer. Estoy deacuerdo en todo! a mi hijo le intento educar para que sea consciente de las cosas que puede hacer mal, para que sepa el porque del no que le da su madre o padre. incluso a veces él mismo se dice "mu mal" porque sabe que eso no se hace (sigue siendo un niño y no todo lo va a hacer bien)
    y no lo he reprimido nunca, es libre de hacer las cosas, de caerse incluso y volverse a levantar, pero sabe que su madre está ahí cuando le duela! cada día sabe más los límites de las cosas y él mismo nos las recuerda si en algún momento de cansancio te las olvidas!!

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  10. Simplemente genial. Gracias por compartirlo

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  11. Me pasa como a María. Yo lo leí también ayer y me gustó mucho y además me hizo reflexionar. A veces no es fácil, pero este es el camino que me gustaría seguir en la crianza de mi pequico. A ver si lo conseguimos.

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  12. Me ha encantado, gracias por ponerlo!!

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  13. Pues sí que da para pensar!! gracias por compartirlo.

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  14. Después de leer esto me pregunto si abracé lo suficiente a mi pequeño... jeje, bueno, como todavía estoy a tiempo al rato que lo vea lo llenaré de besos hasta que él salga corriendo, jajaja :D

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  15. PD. Qué cierto es eso de que no trataríamos a los adultos como tratamos a los niños, ojalá eso fuera siempre para bien, que jugáramos más, que fuéramos más cariñosos, pero no siempre es así... y que es más difícil un niño libre que un niño reprimido, sí!! pero también se disfrutan más sus momentos buenos.

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  16. Súper interesante, la reflexión.

    Os recomiendo, por si no lo habéis leído, el libro de Martha Alicia Chávez, Tu hijo, tu espejo.

    Baci e abraci.

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